Ya no habrá tertulias en tardes de invierno
todos dormitando, mirando la hoguera
quemando las brasas, helando las puertas
e hirviendo en herrumbes la vieja caldera.
Murió la cadiera ...
Pero en Panticosa, ¿Qué era la cadiera?
¿Era solamente la gran chimenea,
los bancos de tabla, las pieles de oveja
el fuego en el centro, las sillas de enea
y la lluvia eterna de blancas pavesas?
¿O era la cadiera el estar reunidos,
los cantos, los versos, los buenos amigos,
el llegar cansados y encontrar abrigo,
el venir de lejos y encontrar cariño?
Esto no se ha muerto, y esto es La Cadiera:
Su cuerpo es un cuarto, más su alma es la nuestra,
la de nuestra raza, la que aún no está muerta.
Si quieres, de nombre, llámala Cadiera;
su apellido es nuestro: Gómez Valenzuela.